Diciembre tiene fama de ser el mes más bonito del año. Para muchas personas también es el más cansado, y no por las compras ni por el tráfico. Es por lo que pasa cuando volvemos a sentarnos a la misma mesa con la familia.
A veces basta cruzar la puerta de la casa donde crecimos para que algo cambie. La voz se hace más chiquita, reaparece el que media en todas las discusiones, el que no da problemas, el que hace reír para que nadie se pelee. Son papeles que aprendimos hace mucho y que el cuerpo recuerda, aunque hoy tengamos otra vida.
Lo que pesa no siempre se ve
El peso de estas fechas rara vez viene de una sola cosa. Es la pregunta de siempre sobre la pareja, el trabajo o los hijos. Es el tema del que nadie habla pero todos conocen. Es la silla vacía de alguien que ya no está. Y es, también, la expectativa de que todo debería sentirse cálido y alegre.
Cuando lo que sentimos no coincide con esa expectativa, llega la culpa: "debería estar contento", "es mi familia, cómo me va a costar". Pero se puede querer a alguien y, al mismo tiempo, salir agotado de estar con esa persona. Las dos cosas caben en el mismo lugar.
Lo que sí depende de ti
No se trata de cambiar a tu familia en una cena. Casi nunca funciona, y suele dejar a todos más lastimados. Lo que sí está en tus manos es cómo llegas, cuánto te quedas y cómo te cuidas después.
Decidir de antemano a qué hora te vas. Tener una o dos frases listas para cambiar de tema sin pelear. Darte un rato a solas en medio de la reunión, aunque sea salir diez minutos a caminar. Y dejar libre el día siguiente para acomodar lo que se movió. Son gestos pequeños, pero cambian la forma en que se vive la noche.
Cuando el año también pesa
Diciembre además nos pone frente al balance: la lista de lo que logramos y la de lo que no. Es fácil convertir ese cierre en otro examen, uno más en un año que ya pidió bastante.
Hay otra forma de cerrar: mirar lo que viviste con curiosidad, sin calificarlo. Preguntarte qué aprendiste de ti, qué te sostuvo, qué quieres llevarte al año que empieza y qué prefieres dejar aquí.
Para estas fechas preparé dos recursos gratuitos: un kit para atravesar las reuniones familiares con un poco más de cuidado y unas preguntas para despedir el año sin convertirlo en una lista de pendientes.